A nadie le gustan las injusticias. Si intentas engañarme, robarme o huevearme, pues busco la forma de defenderme.
Tengo un espíritu “reclamón” y no me arrepiento de eso, si tengo que hacer un escándalo para que no me estafen, pues lo hago.
La única vez que estuve ante una instancia administrativa reclamando mis derechos, aquella vez como empleado, fue en el Ministerio de Trabajo cuando a Micky Rospigliosi se le ocurrió -junto al socio que luego lo estafó a él también- desconocer que había trabajado 7 años de mi vida con ellos.
Ahora por supuesto Micky es bueno y todos lo ayudan, nadie habla mal de él y merece la santificación de todos los que lo rodean… está bien… la vida le ha dado esa oportunidad y no tengo comentarios qué hacer al respecto.
Lo que voy a contar- y lo haré en capítulos- es la historia de algo que estoy viviendo hace poco menos de un año.
Es la historia de cómo una empresa de seguros (Cardif) intenta aprovecharse de un cliente (yo) de una tercera institución (Scotiabank) para venderme un seguro que no solicité y luego, cuando presento mi reclamo ante INDECOPI, pretende eludir su responsabilidad refugiándose en reglamentos y leyes y lo que es peor: MINTIENDO.
Soy cliente del Scotiabank, banco que le pasó hace un tiempo información de sus clientes a esta Seudoempresa de Seguros llamada Cardif, la cual con una incomprensible vocación de servicio me “vendió” un seguro que no solicité jamás en mi vida.
He aquí esta infame historia:
11 de enero de 2008
Llega a mi casa un encarte rojo -colores característicos del banco- con los logos correspondientes, y que además también tenía impresos otros distintivos, los de una empresa para mí desconocida hasta ese día: CARDIF.
Era una Póliza de seguros. Dentro de este folder había una carta dirigida a mi persona en donde me felicitaban por haber adquirido el seguro de “Renta Hospitalaria”(¿?) …yo no entendía nada, atribuí que todo era un gran error, o la torpeza de algún distraído porque yo ya cuento con un seguro… imaginé que esto era la típica peruanada de siempre… ¡alguien se ha hueveado! –pensé y ni siquiera leí lo que contenía este foldercito de casi 20 páginas.
Días después voy al banco ha realizar una transacción. La funcionaria que me atiende siempre con esa una inusual cordialidad bancaria, me ayudó a realizar con mayor rapidez lo que quería hacer aquel día.
Recordé en ese momento lo del encarte y le pregunté qué era eso y si sabía de alguna “asociación” entre el banco y Cardif.
Quedó en contestarme pronto.
Y lo hizo. Me aseguró que Yo había celebrado un contrato telefónico con Cardif solicitando el seguro y que el descuento producto de este “servicio” iba a ser descontada de mi tarjeta de crédito.
Le aseguré medio indignado que jamás había hablado con nadie de esa empresa y mucho menos por teléfono.
Eso de las llamadas telefónicas ofreciendo servicios siempre me ha parecido una práctica peligrosa y poco confiable; generalmente cuando me llaman para ofrecerme algo ni siquiera les permito terminar de hablar porque les cuelgo, no acepto nada por teléfono…
Alguna vez Telefónica del Perú me argumentó que yo había hablado con ellos solicitando un servicio (Terra) y me aseguraron que esto “había sido grabado”…por supuesto que nunca probaron que esa grabación existía y el servicio ofrecido tuvo que ser retirado.
Lo mismo me dijo la empleada del banco. Que había un audio que probaba la venta y que si esto no era verdad debía de reclamar para que lo anulen y no me debiten nada.
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15 de enero de 2008
Inmediatamente consulté el tema con varios abogados. Esto era un fraude que sin dudas podía terminar en débitos en mi tarjeta de crédito y había que impedirlo.
Estaba claro que yo no solicité ningún maldito seguro y lo que mas me preocupaba era el tema de los descuentos; vía escrita envié dos cartas: una al Scotiabank para que no permita que se debiten nada estos sinvergüenzas y otra a Cardif para que anulen todo y me muestren el supuesto audio en donde yo solicito el seguro.
Me dirigí a Cardif bastante indignado. Previamente me indicaron que el seguro había sido vendido vía telefónica el 28 de diciembre y eso me enervó más porque seguían argumentado en medio de su enfermiza imaginación que yo los contraté por esa vía.
Se negaron a enviar el audio al banco, manifestaron que no existía el “software” ideal para hacerlo. Por eso tuve que ir.
Estando en Cardif solicité que se me haga escuchar el audio. Una mujer, cuyo nombre no recuerdo, me hizo ingresar a un cubículo para que desde una PC pueda oír el contrato que celebré supuestamente yo con ellos…lo que oí fue la absurda grabación entre dos delincuentes, una voz era de un representante de Cardif (A) y la otra voz era supuestamente la mía (B)…por supuesto que no era la mía, se trataba de un hampón con dotes actorales, quien usurpó mi nombre, usó mis datos y “recrearon” una venta de la manera más inverosímil.
La conversación era más o menos así:
A: Señor Enrique Ernesto Bravo Prado
B: Correcto
A: Su número de DNI es el 0678….?
B: Correcto
A: Su dirección es Jr. Pichincha 3…?
B: Correcto… y así, realizaron la venta telefónica usando mis datos, mi nombre y cuánto se les antojó para validar todo únicamente con la palabra “Correcto” -como si yo fuera un especie de retrasado mental- la venta de este servicio.
Era evidente que lo hicieron así con la tendenciosa idea de hablar lo menos que se pueda utilizando mi información, ambos actores sabían sin dudas qué es lo que estaban haciendo y su estafa se consumó cuando el actor que usurpó mi nombre cerró todo con un “Sí acepto”
Mi indignación fue indescriptible; traté a todos los funcionarios, a la señorita y a quien se me cruzó ese día en esas oficinas de Cardif como lo que son: unos delincuentes y aseguré que no iba a parar hasta quejarme en el Poder Judicial, la SBS, Indecopi y cuánto lugar sea posible para que no sigan con ésta práctica.
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18 de enero de 2008
Luego de asesórame nuevamente con varios abogados quienes me indicaron que definitivamente esto era un delito, me acerqué a la SBS con una senda comunicación haciendo la denuncia correspondiente.
La señorita allí me indicó que para que proceda el reclamo debería esperar un mes, que tanto el Scotiabank como Cardif tenían ese tiempo para responderme.
Así que, si no respondían en un mes, la denuncia procedía.
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23 de abril de 2008
Pasó más de un mes. Luego de asesorarme, conversar con múltiples abogados, escuchar opiniones diversas hice la denuncia ante la SBS.La denuncia tenía como parte importante, además de mi reclamo, el hecho factual contra Cardif que-si de verdad me hubiera grabado- contravino explícitamente el artículo 341 de La Ley de Bancos que dice a la letra: “La solicitud de seguros y modificaciones deben de ser firmados por el asegurado…”Cardif pretendió dar validez a un contrato de seguros que no fue firmado por mi persona…lo peor es que ni siquiera “grabé” nada…
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25 de abril de 2008
La SBS me envía un documento, un oficio en el que corren traslado de la denuncia al INDECOPI.
Se lavaron las manos afirmando que esto era una controversia referida a derechos de consumidores.
La Srta. Willstatter firmó el documento enviando mi denuncia a una Institución de menor jerarquía para –seguramente, no lo afirmo- evitar confrontaciones con sus amigos de Cardif.
En fin, así las cosas, yo estaba dispuesto a seguir con este tema hasta las últimas consecuencias.
La pérdida de tiempo, la redacción de cartas, el asesoramiento legal, las movilidades, las fotocopias y todo aquello que implique seguir con un caso como este, fueron mermando de a pocos no solo en mi tiempo, sino también en mi economía.
Meterse en un lio así con una “empresa” de seguros hace desistir a mucha gente en sus reclamos, por un momento lo pensé: ¿Para qué seguir con esto?, ¿para qué meterme en un proceso que a lo mejor voy a perder?...el desánimo se apodera de uno, pero no me tiré para atrás, seguí con este tema.
Para el 29 de mayo INDECOPI cita a las partes para una conciliación. Hay que indicar que Cardif jamás me contestó la carta informándome sobre la anulación del seguro, jamás me informó sobre los métodos que utilizó para “grabarme” ni tampoco se dio el trabajo de pedir disculpas por todo este engorroso tema en el que jamás pensé estar envuelto.
En ese momento solo quería que ante Indecopi admitan su falta y que de buena fe me paguen todo lo que había gastado hasta ese momento: asesorías, movilidades y mil cosas más.
Es cierto que no me cobraron nada-precisamente porque reclamé como un resorte- lo único que quería en ese momento era el pago de los gastos, que se mojen con lo que había dejado económicamente en este tema en el cual jamás pedí participar.
Indecopi sería el juez, admitir su falta ante este ente hubiera terminado con este infeliz caso.
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29 de mayo de 2008
Llegamos a Indecopi con el afán de conciliar. Su representante, un tal Flores, solo se limitó a indicar que no me habían cobrado nada, que no encontraba ninguna falta y que ellos eran unos “niños buenos” que nunca cometieron ningún delito.
Yo por mi parte les manifesté que si no me cobraron fue precisamente porque reclamé, que si anularon el seguro jamás me enteré- ni telepáticamente- y que nada les costaba enviarme una carta de disculpas informándome sobre la anulación.
No llegamos a ningún acuerdo.
La sinvergüencería de esta gente me hizo tomar días después la determinación de ir a la instancia superior de Indecopi: La Secretaría técnica de la Comisión de Protección al Consumidor.
Tenía que preparar mi denuncia. Tenía que designar a un buen abogado para estas lides.
Luego de escudriñar y revisar concienzudamente en todos los colegios de abogados, revisión que incluyó a los colegios de Lima, del Perú, y varios de provincias (uno nunca sabe quién es quién) elegí a un buen representante legal, habilitado para esta lucha, quien me ayudaría a pelearme con esta “banda” que pretende en mi cara burlarse impunemente.
Esta historia continuará…

2 comentarios:
Hola Enrique
no puedo creer lo que acabo de leer, si no fueras un amigo de la promo, pensaria que es una historia "jalada" de internet para entretenernos o para pasarlo como mail a otros.
Animo amigo y creo que saldras victorioso de la infamia que han hecho contigo.
Saludos
Roberto Flores
Dale Enrique si se puede...
Malditos basuras... aprovechadores...
Sigue litigando...
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